Iñaki Revilla 

(Donostia, 1974)

He de confesar que he pasado de realizar una fotografía más atrevida/comprometida a una más ociosa/vacacional; a pesar de ello, sigo intentando rescatar del olvido esos aspectos cotidianos y cambios sutiles que se confunden y se nos escapan en la vorágine de actividades del día a día. Mi formación relacionada con la imagen y con el arte, mi experiencia relacionada con la educación y el diseño y mi trabajo relacionado con la cooperación y lo social, confluyen como aleación muy peculiar.

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Donostialización: una manera sutil de uniformar una ciudad

Con este proyecto fotográfico quiero dar a conocer el cambio y unificación de las baldosas de las aceras (relacionado paralelamente a la pérdida de identidad de los barrios) en la búsqueda de una Donostia más uniforme. 

Por esta razón, visibilizo con mis capturas fotográficas la sustitución invisible (intencionada o no) de las baldosas de nuestras aceras.

¿Las aceras nos unen?

Base teórica

Aprovechando esta propuesta de fotografía participativa, y teniendo como excusa una utópica Donostia, me he planteado reflexionar sobre el suelo y más concretamente sobre las aceras. Sobre el papel que estas ocupan en nuestra ciudad. Pretende desenmarañar, a modo especulativo y teórico, cuáles son los factores que han hecho que una tipología de baldosa/cerámica del suelo donostiarra allá pasado de encontrarse, sobre todo, en la zona más céntrica de la ciudad a, en la actualidad, cualquier lugar de lo que reconocemos y llamamos Donostia-San Sebastián.

Donostia cuenta con 20 barrios 1 y, cada uno de ellos, está conformado por unidades más pequeñas: en algunos casos estos barrios son el resultado de la suma de barrios más pequeños, en otros casos es debido por la agrupación de bloques de viviendas, calles, grupos y/o barriadas que se construyeron en diferentes momentos. En muchos casos estas unidades más pequeñas se sumaban a esa disposición anterior, en otros casos como unidades de mayor tamaño que configuraban una distribución urbana y una nueva realidad de convivencia.

En muchas ocasiones hablamos de que el suelo, el lugar donde vivimos, nos define y así ha ocurrido siempre; nos sentimos identificadas con la tierra, con nuestras raíces, con el lugar que pisan nuestros pies. En esas nuevas construcciones-barrios-barriadas-grupos se usaron baldosas diferentes, pero en muchos casos se tuvo en cuenta las baldosas de las zonas colindantes para, en la medida de lo posible, intentar asemejarlas.

Sin embargo, desde los años 80 y debido a la ampliación de la Red de Gas de Donostia, empiezan a acometer una serie de obras en el suelo donostiarra, luego llegarán otras mejoras en aguas, telefonía, redes, … Y al igual que esa globalización y esas comodidades que ya se disfrutaban en otras zonas de la ciudad, los barrios también las disfrutarán. Con ese cambio también llega el cambio o colonización de las baldosas.

Es durante este tiempo de mejoras que la “donostialización” llegó a todos los barrios y se fueron sustituyendo las baldosas originales por las hexagonales blancas y cuadradas grises que conocemos y conocen nuestros pies. Esos límites definidos se han borrado. Sin embargo, si nos fijamos bien, todavía podemos ver como en muchos lugares de la ciudad las baldosas originales todavía resisten, como “baldosas indígenas-originarias”, al paso del tiempo y a la donostialización.

Me gustaría que se entendiera esta donostialización vinculada a Donostia y a sus barrios, como una suma de estos dos conceptos: colonización y globalización, además, entendiendo de que en muchas ocasiones hablamos de que la globalización es una colonización encubierta de buenas intenciones.