Iñigo Odriozola

(Donostia, 1973)

Por mi vinculación al trabajo de Cooperación y Educación para el Desarrollo en TAU fundazioa, me interesa explorar la fotografía como un medio de expresión para la participación y  transformación social. La imagen es además fundamental para dar a conocer “otros mundos y otras realidades” que se ven invisibilizadas y desplazadas por el pensamiento único.

IÑIGO_EXPO

Mujeres (in)visibles

Con este proyecto fotográfico quiero denunciar la sociedad patriarcal, fomentar el reconocimiento público y la memoria de las mujeres que han contribuido y siguen contribuyendo a la historia, reivindicar a través del espacio público el aporte y papel de las mujeres en la sociedad.

Mi objetivo es visibilizar y reconocer la importancia del reconocimiento público y social de las mujeres en desigualdad con respecto a los hombres.

No son muchas, su presencia en espacios públicos de Donostia, representa menos del 10%, pero algunas calles y plazas de Donostia llevan el nombre de mujeres. Nombres y apellidos que se asocian a un espacio de la ciudad y no a la persona y a la historia que hay detrás. Por ello, es importante reivindicar y dar a conocer su aportación a la sociedad donostiarra como reconocimiento a su memoria.

Por otra parte, el reconocimiento limitado de las mujeres en el espacio público, es indicador de la existencia de una sociedad patriarcal donde los espacios de decisión y poder han estado representados durante muchos años por los hombres. Fomentar este reconocimiento público de las mujeres aunque necesario, no debe quedar únicamente en el ámbito de la igualdad formal, es un acto de justicia que debe ir acompañado de medidas para lograr una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres que promueva aspectos como la reducción de la brecha salarial, la valoración social y económica de los cuidados o la incorporación de la mujeres a los espacios de poder.

¿Por qué solo el 10% tienen nombre de mujer?

¡Por una Memoria histórica de las mujeres!

Biografías e información de las mujeres de la muestra1

Elbira Zipitria Irastorza (Zumaia, 1906 – Donostia, 1982) fue una pedagoga vasca, impulsora de la enseñanza en euskera. Estudió magisterio y en 1926 empezó a trabajar en Koruko Andre Mariaren Ikastetxea, labor que compaginó con la militancia política (en Emakume Abertzale Batza) y cultural (en Euskaltzaleak y Eusko Ikaskuntza). Durante el franquismo impartió clases en euskera en su casa de la Parte Vieja. Dado que las ikastolas estaban prohibidas, Elbira y otras profesoras encubrían su trabajo haciéndolo pasar por clases particulares. Formó a varias mujeres, que poco a poco fueron abriendo nuevas ikastolas en Donostia. En 1972, fue una de las fundadoras de la ikastola Orixe.

Begoña Landaburu, calle
Begoña Landaburu Azkue (Bilbao, 1917 – 1991). Misionera y, posteriormente (al dejar la congregación), maestra. Fundó en Bilbao una residencia para chicas que venían de los pueblos rurales a estudiar magisterio, también la Casa de Cultura de Arrankudiaga y la Comisión “Hirugarren Mundua eta Pakea”. Defensora infatigable de los derechos de las mujeres y de la promoción de las mismas.

Benita Asas, plaza
Benita Asas Manterola (Donostia, 1873 – Bilbao, 1968). Profesora, pedagoga y escritora. Organizó en 1908 la Asociación Nacional de Maestras de Párvulos, participando en los debates que sobre educación infantil tuvieron lugar a principios del siglo XX y escribió un texto escolar para niñas y niños. Al mismo tiempo, se fue involucrando en los movimientos feministas que abogaban por el sufragio femenino y la mejora de la condición de las mujeres. Fundó, junto con Pilar Fernández Selfa, la revista “El Pensamiento Femenino”, y también fue directora de la misma. Escribió asimismo en “La voz de la mujer”. Perteneció a la Asociación Nacional de Mujeres Españolas y en 1929 asistió a la Asamblea convocada por la Sociedad de Naciones en Ginebra, donde propuso la convocatoria de un congreso mundial de mujeres como uno de los instrumentos para evitar conflictos bélicos como la Primera Guerra Mundial. Participó en el debate sobre el sufragio femenino, apoyando a Clara Campoamor. Al terminar la guerra civil, se vio sometida al correspondiente Expediente de Depuración y fue inhabilitada para ejercer cargos directivos y de confianza.

Bizenta Mogel, calle
Vicenta Antonia Moguel Elguezábal (Azkoitia, 1782 – Abanto, 1854). Escritora en euskera, está considerada la primera mujer que publicó en esta lengua. De inteligencia poco común, aprendió latín con ocho años por sí misma, animada al ver cómo su tío -Juan Antonio Moguel y Urquiza, autor de la primera novela en euskera, Peru Abarca- enseñaba a su hermano. Publicó una traducción al euskera de una cincuentena de fábulas de Esopo en latín en 1804, «Ipui onac, ceintzuetan arquituco dituzten euscaldun necazari ta gazte gueiac eracaste ederrac beren vicitza zucentzeco», cuando contaba con 22 años.

Catalina de Erauso, calle
Nació en Donostia en 1592 y con 15 años de edad escapó del convento en el que la había internado su familia, vestida con ropas de hombre. Así pasaría el resto de su vida, puede que construyéndose una identidad masculina. Persona aventurera, trabajó de paje, fue grumete y militar, llegando a alcanzar el grado de alférez. Murió en México en 1650.

Clara Campoamor, escultura
Realizada por encargo de Emakunde, con motivo del 80º aniversario del voto femenino en España, del que Clara Campoamor fue la principal impulsora. Autora: Dora Salazar Romo (Altsasu, 1963).

Elisabete Maiztegi, calle
Elisabete Maiztegi Arrizabalaga (Soraluze – Placencia de las Armas, 1911- Donostia, 1996). Profesora en euskera, trabajó toda su vida en favor de esta lengua. Las autoridades franquistas le prohibieron seguir ejerciendo la enseñanza y Elisabete no pudo volver a trabajar como profesora hasta que murió Franco. Fue una de las creadoras de Radio Loiola en Donostia, en torno a 1960.

Gladys del Estal, pasarela
Gladys del Estal Ferreño (Caracas, 1956 – Tudela, 1979). Vivió en Donostia desde pequeña, se licenció en informática en 1978 y en el momento de su muerte compaginaba estudios de Química en la universidad con un trabajo de programadora informática en una pequeña empresa. Militaba en el Grupo Ecologista de Egia y, a los 23 años, participó en Tudela en una manifestación antinuclear y antimilitarista. Durante la protesta, en una sentada, se produjo una carga y un disparo efectuado por un guardia civil la mató en el acto.

Gracia Olazabal, calle
Gracia de Olazabal. Fundó, junto con su marido, el convento de los dominicos de San Telmo en 1541, que actualmente es el museo municipal San Telmo Museoa. Dentro del edificio, a la entrada de la iglesia, se encuentran las estatuas yacentes de las sepulturas de la pareja.

Inessa de Gaxen, calle
Inessa de Gaxen (Bastida-Klarenza, 1566). Con 18 años la acusaron de ser bruja y la juzgaron por ello ante el Parlamento de Burdeos. Absuelta, fue a vivir en Irun y Hondarribia. Pero en 1611 la volvieron a acusar de brujería, junto con muchas otras mujeres. Estas, por miedo, fueron confesando su delito, todas menos Inesa. La opinión popular la responsabilizó de «hacer perder navíos» en el puerto de Pasajes y acabó siendo entregada a los Tribunales de la Inquisición de Logroño, tribunal que, al final, indultó a esas mujeres. Inesa y sus compañeras volvieron a Hondarribia pero allí no se aceptó el indulto y las desterraron a todas a Hendaia.

Joana de Albret, calle
Joana de Albret (Jeanne d’Albret – Joana de Labrit en lengua occitana). (Saint-Germain-en-Laye, 1528 -Paris, 1572). Fue reina de Navarra y del Bearn de 1555 a 1572. Mujer culta y gran administradora, hizo escribir un código de justicia. Se convirtió al protestantismo e introdujo la Reforma en Navarra y Bearn. Encargó traducir el Nuevo Testamento al euskera.

Reconstrucción, escultura
Figura femenina que representa a la población civil en la reconstrucción de la ciudad tras el asalto e incendio de 1813. Realizada por Dora Salazar Romo (Altsasu, 1963).

Simona de Lajust, calle
Simona Lajust Alzaga (Donostia, hacia el 1575 – 1657). Junto con su marido, quiso fundar un convento de clarisas. No pudieron, y en su lugar construyeron el caserío-ermita «Santa Teresa» en Aiete (caserío que fue derribado hace unos 30 años). Ya en 1686, y con sus bienes, se fundó el Convento de Santa Teresa en la subida a Urgull, y los restos de Simona de Lajust fueron trasladados allí.