José San Francisco 

(Zamora, 1955)

Comencé en el mundo de la fotografía a finales de los años 70 del pasado siglo captando imágenes de mi alrededor sin ninguna intencionalidad. Después de unos años de parón; retomé el uso de la cámara, ya comenzado el siglo XXI en el mundo de la fotografía digital. Para mi fue un gran descubrimiento, ya que podías olvidarte del proceso de revelado químico, que a mi tanto me costaba. 

En esta nueva época me he dedicado fundamentalmente al retrato; entusiasmado por la riqueza de las expresiones y la diversidad de las personas procedentes de distintos puntos geográficos y culturas. 

Cuando asistí al taller de fotografía participativa con el lema de “Donostiatopia” descubrí un nuevo mundo o mejor dicho una nueva forma de hacer fotografía reivindicativa; ya que en mi serie de retratos siempre he querido reivindicar la igualdad dentro de la diversidad “Todos somos iguales, todos somos diferentes”.

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¿En peligro de extinción?
El comercio local mantiene viva la historia de nuestra ciudad

Con este ensayo fotográfico quiero destacar el momento actual de los comercios históricos de la ciudad. Me interesa destacar su aportación a la identidad propia de Donostia frente a la estética uniforme e impersonal de los nuevos comercios que podemos encontrar en la mayoría de ciudades. También quiero reivindicar la labor de los profesionales que trabajan en ellos. 

En los últimos años he visto como se van cerrando comercios en San Sebastián. Comercios en los que entrabas y era un placer estético tan solo contemplarlos, lugares con sabor y olor propios. Unos cerraban definitivamente y otros se iban sustituyendo por locales comerciales pertenecientes a grandes cadenas y/o franquicias. Con una estética uniforme, un olor diseñado desde fuera que es idéntico en cualquier otro lugar. Alguna vez he pensado que si me anestesiaran y me trasladaban de ciudad; al despertar no sabría donde estaba. 

Leyendo el libro Comercios Donostiarras Centenarios, editado en el año 2010, veo que muchos de estos comercios, a día de hoy, han desaparecido. Quizá sea cuestion de edad y añoranza por otros tiempos pasados; pero echo de menos comercios donde podias comprar las legumbres a granel y preguntarle al dueño que plagicida debía utilizar para las plantas de mi terraza; cosa que solía hacer en Semillas Elosegui y esto es solo un ejemplo. 

Entiendo que la vida evoluciona y hay que adaptarse a los nuevos tiempos, por eso admiro y felicito tanto a los comerciantes que lo están sabiendo hacer manteniendo su esencia propia heredada de generaciones anteriores, como a aquellos que se han conservado, sin apenas cambios. Unos y otros hacen que una ciudad como Donostia tenga su propia identidad y mantengan viva la historia de la ciudad para futuras generaciones. 

Bibliografia: COMERCIOS DONOSTIARRAS CENTENARIOS 2010 / no 2; Lola Horkajo Calixto, Juan Jose Fdrz Beobide, Carlos Olaetxea